RAVE IN FIRE convence a todos los fans del Heavy Metal en la premiere de “Square One”
Un agradable ambiente futurista y de aventuras a ritmo de Heavy Metal
La tarde del sábado 25 de enero de 2026, la formación de Heavy Metal RAVE IN FIRE nos reunió en el mítico local del club Pounding Metal Union, en los madrileños bajos de Opañel, para un evento de presentación de su nuevo disco, “Square One”.
La atmósfera del local parecía bañada por la luz del neón de una urbe futurista, donde los animales antropomórficos y alienígenas varios conviven en la sordidez de los bajos fondos, la estética que transmite a primera vista el álbum que íbamos a paladear en primicia.
Este ambiente, que la propia banda definía con acierto como ciberpunk ya se respiraba en RAVE IN FIRE con su primer larga duración, “Sons Of A Lie”. Cuatro años después, volvía a capturarnos: la banda de Heavy Metal madrileña nos citaba para presentar su nuevo álbum, “Square One”.
La continuidad musical de RAVE IN FIRE
Por el título, podría ser la primera casilla de un tablero a recorrer… pero de eso nada. Este disco no es punto de partida de nada: es la continuidad, otro paso de gigante que el grupo viene dando dentro de “ese juego”. Heavy Metal y Hard Rock, con raíces profundas en los 80, pero que sabe mirar al mañana (o a lo que se consideraba el mañana hace 40 años) es la fórmula para ganar la partida del juego holográfico que ya se iniciaba en el anterior trabajo, entonces incluso ya en la escena que marcaba la portada…
Aquí tenemos otra vez al escamado Lizzardo (así le bautizó el batería Jimi) que vuelve a deambular, pitillo en mano, desenvolviéndose como todo un personaje entre los bajos fondos. Pero a pesar del arte, que sugiere a primera vista la fantasía de fábulas futuristas, estamos en realidad ante un disco no carente de letras basadas en hechos reales y dolorosos, pues varias están vinculadas a la superación personal de los músicos de RAVE IN FIRE.
Así, intimidades de sus integrantes son expuestas a pecho descubierto, plasmándose en “Speed And Rave” (sobre el rechazo frontal de Selene a la imposición de la fe) o el sufrimiento personal de Jimi, planteado en “Square One”, y que le dejó con un nudo en la garganta mientras rememoraba los sucesos que dieron lugar a su composición.
“Square One”, el imposible equilibrio entre la producción moderna y la dinámica de las grabaciones analógicas
En cuanto a su producción, RAVE IN FIRE apuesta de nuevo por lo pulcro y potente, pero con la intención de respetar el sonido clásico de las producciones de los años 80, con la dinámica y espacio para cada pista respetados al máximo posible. Creo que, a simple vista, el resultado que percibe el oyente mundano es más bien el primero: fuerza, claridad… y todos los instrumentos en primer plano y en volúmenes altos. Aquellos más hechos al mundo de los estudios de grabación podrá escrutar mejor lo que Jonjo, guitarrista y productor, nos contaba al respecto, pero la impresión para los advenedizos desde luego es esa.
Eso sí, en esta producción moderna, con tendencia a la saturación, queda muy claro que RAVE IN FIRE no ha dejado de lado a nadie, y es que en los últimos años, o décadas, hemos visto como el bajo y el bajista quedaban relegado en las grabaciones e incluso en directo a un pegote.
Daba igual lo que uno quisiera lucirse, que acababas sepultado por las guitarras, pero aquí los madrileños han potenciado bastante las pistas de Sara, que refiriéndose a una de las canciones explicaba como un oyente señalaba la influencia del videojuego “Crash Bandicoot” en la línea de bajo. Ella, entre risas, dijo estar orgullosa precisamente por la comparación.
Toda esta mastodóntica tarea de producción es un nuevo caso del “yo me lo guiso, yo me lo como” de la escena vigente. En este panorama actual, repleto de proyectos musicales que evitan el modelo de trabajo de la vieja industria -sesiones en estudios caros, acompañados por productores externos cualificados- en pos del ahorro de costes, no hace fácil sacar un disco que resulte tan profesional como “Square One”.
Ese resultado tan pulido viene cuando se alinean los astros, o mejor dicho, cuando un genio hace que se alineen: acercarse a la perfección no es casual, y está claro que en RAVE IN FIRE no se trata de algo al azar. Y esto es así porque Jonjo es un cerebrito capaz de manejar él solo los conceptos de producción para atar todo bien atado, hasta la extenuación en el detalle, con el fin de no depender de terceros que puedan influir en el sonido y las canciones que realmente quieres plasmar de un modo concreto.
Puede parecer lo ideal la ausencia de injerencia, pero sin embargo tiene que ser agotador no ceder ni un milímetro al apoyo de una persona externa a la banda para que te diga “vamos por aquí, conozco el camino”. De nuevo, el tablero, la partida… pero Jonjo sabe jugarla. Se desenvuelve de lujo en su propio estudio, lo ha hecho de maravilla sin esa “ayudita”. Tan solo las pistas de batería de Jimi, que se grabaron en un estudio externo, han salido del control maestro de Jonjo en “Square One”.
RAVE IN FIRE transmite emoción, aventura y divierte de principio a fin en esta entrega
Y lo fundamental, como casi siempre, hay que dejarlo para el remate final, y son los aspectos compositivos y emocionales del trabajo. La sensación que tuve, allí sentado, es la de que el disco empieza bien pero va elevando su nivel, tal y como le dije a la banda: es un in crescendo que acaba por todo lo alto a nivel de conexión con el oyente. De entrada, las que más me llenaron en el primer momento, escuchándolo en la penumbra del local de PMU, fueron “Knightwalker” y “Square One”, además del cañonazo “Untiring Eagles”, todas ellas de mitad del álbum en adelante.
A esa conexión en la escucha, además de las melodías de guitarra y bajo (que es mucho más que una mera comparsa, como ya decía antes) contribuye en una gran medida la voz. Una maravilla. Viniendo de mundos musicales ajenos al Heavy Metal y Hard Rock, Selene demuestra tener un talento sobrado para el género, que además reconoció, con la perspectiva que le da el haber cantado varios palos, que es el más difícil de interpretar. Hay quien la comparó con Leather Leone, pero yo sin embargo la veo un punto por debajo en el nivel de agresión vocal, porque aunque Selene se desenvuelve constantemente entre la voz limpia y la aspereza, lo rasposo de su timbre no está tan presente como en la voz de la estadounidense.
La clave del nivel superior de RAVE IN FIRE es que no da el pistoletazo y sale como caballo loco a correr al sprint: hay un manejo de los tempos notable, para encajar pieza a pieza todas las ideas y conformar los temas de un modo coherente y bonito, construidos siempre dentro de la base del Metal clásico. Este es un disco con cabeza, que sabe cuándo retener rienda para que luego soltar la cabalgada. De hecho, abundan los medios tiempos, con el azote para subir el ritmo aquí y allá, pero nada atropellado, con las melodías y el gancho por bandera, con matices de sonido sonando por debajo del grueso -matices que obviarán en el directo- aportando al conjunto.
Encontrarás detalles en el modo de tocar la guitarra que te recordarán a grandes nombres como Van Halen, Randy Rhoads, Paul Gilbert, Jake E. Lee, Mark Reale.. y un gusto por las capas de sintetizadores (con ese regusto “Turbolover” en “Witches Hell”) que es evidente. Las influencias de la década gloriosa del Heavy Metal llevan, por qué no decirlo, a empujarles a guardar cierta similitud con bandas muy próximas como sus camaradas FRENZY. Las raíces clásicas están ahí para todo el mundo, y por lo tanto esos lugares comunes son recurrentes en este tipo de bandas.
Como resumen, aunque el grupo citaba “Dark Poison” como la cápsula que encierra la esencia del trabajo y de la propia banda, yo lo centraría precisamente en la canción que bautiza el álbum. “Square One” es la más completa, variada y compleja, en lo individual (especialmente voz y batería) y colectivo, por su desarrollo libre pero lógico, que deja un regusto final fabuloso.
Ya sea en CD, vinilo… desde aquí queda recomendada absolutamente su compra. Enhorabuena por este trabajo, RAVE IN FIRE, porque es un candidato a entrar, desde ya, entre los mejores trabajos de 2026 del Heavy Metal nacional.
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