Entrevistamos a Cody Ford de SOEN: “Hoy la guitarra se volvió un deporte, yo busco emoción” – Metal-Daze Webzine
Formada en 2010 por el ex baterista de OPETH, Martin López, SOEN se consolidó en la última década como una de las propuestas más sólidas y personales del metal progresivo contemporáneo, construyendo una identidad que combina estructuras complejas, climas introspectivos y una fuerte carga emocional, siempre al servicio de la canción. Con una discografía que incluye Cognitive, Tellurian, Lykaia, Lotus, Imperial, Memorial y ahora Reliance, la banda fue afinando un lenguaje propio que evita tanto el virtuosismo vacío como las fórmulas previsibles del género, apostando por la dinámica, el contraste y una narrativa sonora que dialoga tanto con el metal como con el rock progresivo y la música atmosférica.
La formación actual de SOEN está integrada por Joel Ekelöf en voz, MartÍn López en batería, Lars Enok Åhlund en teclados y composición, Oleksii “Zlatoyar” Kobel en bajo y el guitarrista canadiense Cody Ford, quien se sumó oficialmente en 2018 y participa desde Lotus en adelante. Lejos de funcionar como un proyecto centrado en una sola figura, SOEN opera como una estructura colectiva donde el pulso rítmico, las capas atmosféricas y el trabajo melódico se entrelazan para construir canciones que priorizan el clima y el desarrollo emocional por sobre la exhibición técnica.
En ese entramado, la presencia de Cody Ford resultó clave para reforzar el costado expresivo del grupo. Su estilo, basado en el fraseo, el uso del espacio y una concepción del solo como parte integral del relato del tema, terminó de consolidar una impronta donde la guitarra funciona como una segunda voz que dialoga con la interpretación de Ekelöf y con las texturas armadas por teclados y base rítmica. Más que marcar protagonismo, su aporte se integra a una lógica de conjunto que define buena parte de la identidad de Soen en su etapa más reciente.
Con Reliance, la banda profundiza ese enfoque pero lo lleva hacia un terreno más pesado y directo, incorporando afinaciones más bajas, riffs de mayor densidad y un trabajo rítmico más robusto, sin resignar el pulso introspectivo ni la sensibilidad melódica que caracterizan su sonido. El nuevo disco no propone una ruptura, sino una intensificación del lenguaje que el grupo viene desarrollando desde Lotus, combinando momentos de fuerte impacto con pasajes más delicados y experimentales, y apostando nuevamente por el formato álbum como experiencia integral, donde el orden de los temas y la progresión de climas resultan determinantes.
En el pasado hablé con Martín y con Joel, y esta vez quería sumar tu mirada para completar el mapa creativo de SOEN. En tu caso, la guitarra en la banda suena muy deliberada: no como demostración técnica, sino como emoción puesta en notas. ¿Cómo construís ese enfoque al componer y grabar, y qué lugar ocupa el solo dentro de la canción?
Creo que eso siempre fue parte de quién soy como guitarrista y de lo que creo que debería ser la música. Para mí la música tiene que ser emotiva. Los solos siempre tienen que estar al servicio de la canción y llevarla a otro nivel. Obviamente, la voz guía todo; Joel marca el tono emocional, pero la guitarra también puede decir cosas que la voz no puede, y viceversa. Para mí es muy importante entender bien cuál es el sentimiento de la canción y después, ese sentimiento tiene que transmitirse también a través de la guitarra. Suelo tener una idea de cómo me hace sentir el tema, casi como un color del alma o una forma emocional del solo, luego se trata de perseguir eso. A veces sale rápido, y otras veces puede llevar una semana encontrar algo que realmente le haga justicia a la canción.
Tus solos muchas veces se sienten no tanto como “secciones de solo” sino más como puntos de inflexión emocional dentro del tema. ¿Los encarás como pequeñas composiciones o son más bien improvisados?
Más como pequeñas composiciones, o incluso como pequeñas historias. Creo que es importante construir una historia dentro del solo. A veces eso es difícil porque no hay mucho tiempo; otras veces los solos son más largos y ahí tenés que pensar bien dónde debería estar el clímax.
No quedo conforme con un solo hasta sentir que hay un recorrido, una especie de viaje y que fluye de forma natural. Podés pensarlo como un viaje o como una conversación: el fraseo es fundamental. Todo eso forma parte de mi ADN y refleja el tipo de música y de guitarristas que me gusta escuchar.
Cuando Martín te manda una idea, imagino que improvisás encima como punto de partida de un solo. ¿Hay algún solo que haya quedado prácticamente igual a la primera improvisación?
Sì, especialmente en Memorial, Martín y yo pasamos mucho tiempo en su casa. Yo paso muchos veranos en Suecia entre festivales europeos. Nos levantábamos, tomábamos café y trabajábamos ocho horas por día en la música. Muchas veces era: “probá un solo acá y vemos cómo se siente”, y yo hacía un solo improvisado de prueba. Luego, tras escuchar el demo mil veces, tratando de mejorar esa improvisacion, en ocasiones uno empieza a encariñarse con ese solo original. Creo que algunos solos de Memorial, al menos en partes, quedaron muy cerca de esa primera improvisación. A veces pasa así.
Muchos destacan la influencia de DAVID GILMOUR en el fraseo y el uso del espacio en tu manera de tocar, lo cual se escucha muy claro en el solo de Huntress. Lo que me interesa es saber cómo llevás esas influencias a un contexto moderno de metal progresivo, sin que suene simplemente a homenaje. ¿Qué aspectos de ese estilo conectan más profundamente con vos a nivel conceptual?
En el caso de DAVID GILMOUR, es su toque, su forma de sentir la guitarra, cómo estira las cuerdas. Cualquier guitarrista sabe estirar una cuerda, se trata de apoyar el dedo sobre ella, ejercer una presión y estirarla hacia arriba o abajo, es una técnica muy simple. Sin embargo, basta con escuchar una sola estirada de GILMOUR para sabés que es él. Eso es fascinante. La guitarra es como un vehículo del alma, y muchas veces se puede percibir mucho de la personalidad de alguien en su forma de tocar. Para tocar como GILMOUR tenés que ser una persona muy empática. Es una forma de expresar la condición humana que las palabras no pueden transmitir.
Cuando lo escucho, su forma de tocar me hace sentir algo, no es solo “mirá lo que puede hacer con la guitarra”. Hoy en día mucha la guitarra se volvió casi un deporte donde todo se trata de técnica y velocidad. Con Instagram y todo eso hay mucho exhibicionismo. No está mal la técnica, pero para mí lo más importante es la emoción. Yo crecí aprendiendo cosas más “shred”, y todavía me encanta ese estilo, pero los mejores en esos géneros también tenían emoción y un gran fraseo. En SOEN tengo un poco de los dos mundos: emoción y algo de técnica moderna, pero solo cuando la canción lo pide.
Tu sonido también es muy reconocible: cálido, expresivo, nunca demasiado saturado. ¿Cuánto de eso viene del equipo y la experimentación, y cuánto de tu forma de tocar?
Es una combinación. Se dice que Eddie Van Halen iba a sonar como Eddie con cualquier amplificador, y en parte es cierto. Pero para sacar lo mejor de tu personalidad también necesitás el “traje” adecuado. Eso viene con la experiencia, con probar amplis, con el estudio, con distintas guitarras.
El toque es lo más importante, pero después lo combinás con el sonido correcto. Trabajar con Alex Backlund para la mezcla de los últimos discos fue clave porque entiende muy bien cómo deberían sonar mis solos. Yo grabo mucho en casa, le mando una referencia de sonido y la señal directa, y él la reamplifica en el estudio. La mayoría de las veces logra algo incluso mejor y más adecuado para la canción. En el pasado, me pasó de recibir mezclas donde el solo no tenía el clima correcto, así que trabajar con la gente indicada es fundamental.
Cuando grabás en casa, ¿microfoneás el amplificador o entrás directo a la interfaz?
Hoy en día entro directo a la interfaz con plugins para tener una idea general del sonido, y después mando la señal directa para reamplificarla en el estudio con amplificadores reales.
¿Te acordás de tu primer equipo?
Mi primera guitarra fue una Ibanez S Prestige. Mis viejos me la regalaron para navidad. Yo quería una mucho más barata, pero mi viejo encontró esta usada. Era casi una guitarra soñada porque estaba en la tapa de una revista de Ibanez que yo tenía y cada vez que la miraba pensaba “Oh, tal vez algún día…”. Mis padres siempre me bancaron mucho y fue una gran ayuda. Eso fue un antes y un después. En la secundaria tocaba siete horas por día. Otro equipo importante fue un ampli, un Fender G-Deck que traía pistas de acompañamiento. Cada pista tenía su propio sonido. Había una llamada “Think Floyd”, básicamente una base de Comfortably Numb con tono tipo Gilmour, y podía tocar horas sobre eso. Fue fundamental para practicar.
¿Todavía tenés esa guitarra?
Sí, y todavía la uso para grabar. Siempre necesitás muchas guitarras para distintas afinaciones.
Pasando al disco, Reliance (NdeR: pueden leer la reseña acá) suena más pesado y más rockero que Memorial. ¿Experimentaron más con afinaciones bajas?
Sí, es el primer disco donde realmente experimentamos con afinaciones más bajas. Normalmente tocamos en Mi o Re estándar, a veces en Do. En este álbum incluso usé una guitarra de ocho cuerdas, pero el núcleo emocional nunca desapareció. Esa combinación de peso y emoción fue parte de expandir nuestra paleta sonora. Cada disco necesita su propia identidad. Con afinaciones bajas los riffs tienden a ser más simples, porque no percibimos esas frecuencias tan claramente. Entonces nos apoyamos más en el groove, que para mí siempre es clave.
Uno de los puntos más fuertes del disco es la dinámica. En Axis, por ejemplo, hay dos solos muy distintos: uno más hard rock y groovero, y otro mucho más sutil. ¿Cómo pensás la dinámica como parte del relato del tema?
La dinámica es fundamental. Nuestra música tiene mucho sube y baja, y eso es parte de nuestra esencia como banda. Me gustan las bandas que pueden golpearte fuerte, después bajar un cambio, y volver a subir. Así lo pesado se mantiene pesado, pero no cansa ni se vuelve monótonoo.
En Axis, Martín escribió la estructura y me indicó dónde iban los solos. Es un desafío pasar de una energía enorme a algo delicado tan rápido. Eso también es parte de contar una historia con la guitarra.
El disco parece dividido en tres partes: un comienzo enérgico, una sección central más emocional y un final más experimental. ¿Fue algo pensado?
Sí, yo propuse el orden final. Al principio teníamos Discordia como segundo tema, pero es lento, pesado y oscuro, así que propuse mantener la energía un poco antes de que aparezca ese clima. Después todo fue acomodándose solo. Nos gustó que el final fuera más extraño y menos predecible. Está bueno que lo hayas percibido en tres bloques, porque así fue pensado.
Hoy en día mucha gente ya no escucha discos completos, pero Reliance se siente como un viaje entero. ¿Qué tan importante es para ustedes el orden de las canciones?
Es muy importante. Hay mucho trabajo detrás del orden de los temas, y a mí me encanta escuchar discos de principio a fin. El primer tema es muy potente, el último es muy experimental, y ese contraste hace que la experiencia completa tenga sentido.
Hay agresividad en el disco, pero no en el sentido clásico de metal enojado, sino más bien como una descarga emocional. ¿Cómo llevás esa tensión emocional a partes pesadas sin perder sutileza, sobre todo en vivo?
Siempre es un equilibrio. Discordia nació de esa idea de pasar de un breakdown a una parte de teclados muy setentosa, y eso nos representa mucho como banda. Es mucho probar, combinar piezas y asegurarse de que nada se sienta forzado.
Este disco no suena a reinvención, sino a una intensificación del lenguaje que vienen desarrollando desde Lotus. ¿Cómo ves a Reliance en relación con Memorial, Imperial o Lotus?
Sigue la línea de hacerse más pesado, pero es más personal que Memorial, que era más político. Creo que los fans van a sentir más esa conexión personal. Indifferent, por ejemplo, es una de las canciones más desgarradoras que escribimos. A nivel sonoro también experimentamos más con afinaciones bajas y teclados, poniendo el foco en el groove, en la simplicidad cuando hace falta y en la atmósfera. Los detalles fueron muy importantes en este disco.
Cuando no estás girando o componiendo con Soen, ¿seguís trabajando en tu proyecto No Mistakes in Space?
Un poco. Va lento porque estoy muy ocupado con SOEN y porque la mitad de la banda vive en Vancouver. Compartimos demos y las cosas van a ir pasando de a poco.
Ese proyecto se siente como un espacio donde podés explorar cosas que quizá no encajan del todo en Soen.
Exactamente, es otro canal de expresión y lo disfruto mucho.
Para cerrar, ¿hay planes de volver a Argentina y a Latinoamérica?
Siempre. Quizás no este año, porque los ciclos de gira suelen ser de dos o dos años y medio, pero si no es este año, seguro el próximo.

Entrevista: Estanislao Aimar
Agradecemos a Silver Lining por la gestión de la entrevista.
