DEATH TO ALL & DESTRUCTION en vivo en Argentina: “Riffs contra el paso del tiempo” – Metal-Daze Webzine
Fecha: Jueves 15 de enero, 2026 | Hora: 20 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Teatro Flores | Bandas invitadas: LÁZARO – MANIFIESTO
El 15 de enero de 2026 será una noche que resonará por largo tiempo en la memoria de los amantes del metal extremo. El Teatro Flores se erigió como la sede de una jornada histórica, donde dos fuerzas inquebrantables del metal extremo se encontraron en el mítico escenario porteño: DEATH TO ALL, la banda tributo que mantiene vivo el legado de Chuck Schuldiner, junto con DESTRUCTION, uno de los pilares del Big Four del thrash metal alemán. Bajo el mote del Symbolic Healing por un lado, y The Butchers Are Back! por el otro, este mini festival prometía una noche furiosa, pero también la posibilidad de un profundo disfrute de la técnica, la velocidad y la brutalidad; conmemorando importantes aniversarios discográficos y demostrando que la brecha entre el death y el thrash metal es muy corta, y sigue ardiendo con intensidad en nuestro país. En un día muy ciclotímico en términos climáticos, nada hizo mermar las energías de la gente, aunque sí, lógicamente, sumado a los compromisos laborales de entre semana, demoró la llegada de buena parte del público.
Nuestra llegada, también demorada, nos hizo perder el set de MANIFIESTO, consolidada propuesta de thrash metal liderada por Jorge Armada y que, según pudimos conversar con algunos colegas, continuó desplegando todo su poderío mientras los primeros ansiosos ya se aferraban a la valla del recinto de Flores y agitaban mientras el ambiente comenzaba a calentarse. El quinteto supo sortear un inicio complicado en el sonido para reponerse y demostrar que siempre están a la altura de las circunstancias. LÁZARO, por su parte, continuó el segmento nacional revalidando su renacida propuesta. Para los desprevenidos, estamos hablando de un supergrupo con ex-integrantes de grandes bandas del thrash nacional: Alejandro Sala (ex PLEGARIAS), como vocalista y líder de la banda, secundado por Jorge Moreno (ex SERPENTOR y METRALLA) en guitarra principal y coros; Hernán Pinello (ex MORTHIFERA) como segunda viola; Pablo Maldonado (ex MALICIA) en bajo y coros; y para la cita, Alejandro Padín (ex SERPENTOR y actualmente en HEAD) como baterista, reemplazando al lesionado Diego Núñez. Siendo esta la tercera presentación en vivo de la banda, se los notó cada vez más consolidados en su show como un todo, sonando de forma contundente y brutal, más allá de algún yeite sonoro que provenía más de lo técnico que de la pericia de los músicos. La mayor parte de su acotado set estuvo compuesta por canciones de su reciente disco debut, Morir y Resucitar, abriendo con su ya conocido single debut R.C. Sangriento y cerrando con un doble cover de SERPENTOR: Privación ilegítima de la libertad y Lloviendo sangre, reversión en castellano del icónico Raining Blood de SLAYER, para desatar el primer pogo de la noche.
Luego de un largo parate para preparar el escenario de los teutones, llegaba el momento de DESTRUCTION, que volvía al país luego de tres años, con un condimento especial que quizás ya no llama tanto la atención como antes, pero que sigue siendo una fuerza motora adicional para que la gente se movilice al venue donde toquen: Martín Furia, el violero y productor argentino, que, si se quiere, logró algo similar a lo que generan los semilleros futbolísticos del país, haciendo carrera y ascendiendo hasta formar parte de una banda histórica como lo son los teutones. DESTRUCTION ofreció un set bien al palo y con bastante interacción con la gente, contrario a lo esperado, pero sabiendo exprimir cada segundo de manija y expectativa en el público en cada tema, algunos haciendo uso de intros para potenciar esa sensación de que la faena en el pogo no debía frenar. Otro dato, no menor, es que para esta mini gira por Latinoamérica, trajeron al violero brasileño Guilherme Miranda (ex ENTOMBED y parte de DIETH), debido a que Damir Skic debía atender cuestiones familiares. El inicio del show fue con una extraña intro country que, lógicamente, mencionaba a DESTRUCTION en su estribillo, para luego continuar con la apertura habitual, Curse the Gods, infalible a la hora de armar las rondas desde el primer minuto. El set siguió con Invincible force y Nailed to the cross, clásicos de antaño que reafirmaban algo ya sabido por muchos, pero que por algún motivo muchos otros asumieron erróneamente: esta no era una gira aniversario de Infernal Overkill, sino una excusa para despuntar el vicio y redoblar la apuesta en estos lados del planeta. Lo que sí no había que olvidar es que 2025 fue el año en que Birth of Malice, su decimosexto disco, vio la luz, y varias canciones debían tener su lugar, como Scumbag human race, aunque también hubo tiempo para A.N.G.S.T., No kings no masters y el homónimo Destruction.
Los teutones realmente demolieron el lugar, con un sonido nítido y potente, haciendo temblar el suelo, con rondas que se formaban en medio del recinto y se mantuvieron hasta el final. Por su parte, el violero argentino no paró de sonreír durante todo el show, evidenciando su felicidad por volver a tocar en su tierra natal, además de oficiar de pseudo traductor cuando Marcel Schirmer tomaba el micrófono en inglés y Martín respondía en un castellano argentino puro. El set continuó con Mad butcher, Life without sense, Diabolical y Total desaster, canciones de distintas eras de la banda que dejaron en claro que el poder vocal de Schirmer no ha envejecido ni un poco, manteniendo intacto ese fuego juvenil de mediados de los 80. El baterista Randy Black fue un relojito bestial, sosteniendo el espíritu combativo desde la batería, con una sonoridad afilada y una precisión quirúrgica que sirvió de ancla inquebrantable para toda la estructura musical. No solo fue un show técnicamente impecable, sino que capturó la esencia agresiva y la potencia visceral que siempre caracterizó a la banda, asegurando que el motor rítmico nunca perdiera fuerza ni intensidad a lo largo de la velada.
A su vez, resultó muy interesante el desarrollo del show de Guilherme Miranda, quien ofreció solos realmente deliciosos y protagonizó momentos de complicidad con Martín, hasta intercambiando risas mientras tocaban juntos. Las siguientes canciones fueron The butcher strikes back, Antichrist, Eternal ban y la ya mencionada Destruction del último disco, acompañada de una anécdota curiosa: el público coreaba por Destrucción de V8 cuando Schirmer la presentó, y Martín se rió, siendo quizás el único de la banda que captó la broma bien argenta de cada show metalero. Pero entre tanta jovialidad, los bises regresaron de forma despiadada para despedir el set de los alemanes, que culminó con Bestial invasion y el himno Thrash till death, cerrando de forma brutal y dejando al público con ganas de más, listo para el plato fuerte de la noche.
Tras media hora de ansiedad, y con un recambio de público bastante escueto para lo que uno hubiera esperado entre banda y banda, una música ambiental empezó a sonar mientras dos luces violetas delante del telón comenzaban a juguetear, presagiando su inminente apertura. Luego, uno a uno, DEATH TO ALL tomó posesión del escenario y, tras la intro de Infernal Death de Scream Bloody Gore, empezaron con Living monstrosity y casi de inmediato Defensive personalities. Cabe recordar que la formación de esta banda homenaje al creador del death metal progresivo/técnico está compuesta por ex músicos de la banda excepto uno: Max Phelps en guitarra y voz quien porta una viola bastante alta a la altura del tórax emulando un poco la pose de Chuck en vivo. El resto de los músicos: Gene Hoglan en batería, Steve Di Giorgio portando un particular bajo fretless verde de tres cuerdas durante gran parte del show, y Bobby Koelble en la otra guitarra, un poco menos visible en su performance, fueron parte de DEATH en algún momento de su corta vida. La propuesta del set, como ya mencionamos, era conmemorar los aniversarios redondos de dos grandes álbumes como lo fueron Spiritual Healing (35 años) y el icónico Symbolic (30 años), lo que terminó partiendo el set en tres actos, dos grandes y uno más breve: el primero sería el segmento con el disco de 1990, donde pudimos escuchar algunas de sus canciones junto con otros éxitos; el segundo, que inicialmente buscaba recorrer en su totalidad y en orden el disco de 1995, y los bises, con dos de sus grandes éxitos históricos de discos como The sound of perseverance y el brutal Leprosy.
Después de Lack of comprehension, que fue el único tema donde Steve Di Giorgio usó otro fretless verde pero de cinco cuerdas y la rompió en la intro del tema, el bajista tomó la posta del micrófono para comentar un poco el por qué de la banda y la celebración de los aniversarios de los discos, mientras la gente coreaba con fervor el apellido del músico, demostrando que tiene, sin dudas, el rol de frontman en la banda, más que nada por carisma, pero ayudando a acrecentar este ambiente cargado de energía. La conexión con él fue contundente a lo largo de la noche, más aún cuando, pasada esta presentación, continuaron con la interpretación del tercer disco de la banda original, uno que, si bien no es de los más destacados de la discografía de los oriundos de Tampa, eso no quita que resuene con la intensidad característica del grupo. La gente no dudó ni un segundo en armar el pogo al ritmo de este death metal técnico y también melódico que marcó generaciones y originó una nueva oleada de géneros musicales de lo más variado y que continúan vigentes en los más jóvenes oyentes, agitando con una devoción casi de ritual. La experiencia de presenciar en vivo la obra de Chuck Schuldiner fue trascendental, pero también inesperada, conforme pasaron tantos años desde su concepción, pero hay que reconocer que DEATH TO ALL ofreció una actuación memorable que se espera continúe a lo largo del tiempo, honrando su legado. A pesar de toda la euforia y de todo lo que este show acarreaba, hubo varios inconvenientes que se hicieron visibles ya adentrado el segmento de Spiritual Healing. Desde atrás del recinto, viendo el panorama más completo, se observaron varias mini reuniones entre los músicos y el crew, con Gene Hoglan muy incómodo y hasta fastidioso por momentos, llegando a sacarse los lentes negros característicos. Si bien esto no impidió que el baterista estadounidense sacara chapa de toda su maestría para continuar ejecutando a la perfección los temas, todo esto generó que el set se viera incompleto, según lo que corroboramos contra la lista que uno de los fans obtuvo de la banda, con sendos tachones en Within the mind, Sacred serenity y Misanthrope.
Continuando el set, no hay lugar a dudas de que el segmento de Symbolic logró la mejor parte del show. No solo por el agite, sino porque el sonido desde lo técnico alcanzó su mejor punto, donde tanto las violas como el bajo sonaban de forma definida y cristalina, replicando de manera ideal los riffs de antaño como si estuviéramos en la comodidad del hogar. El set respetó el orden de las canciones tal y como están en el álbum. Empezaron con el tema homónimo para seguir con Zero tolerance y Empty words, saltando directo a 1000 eyes, conforme a lo ya comentado con las restricciones del set. Fue increíble ver a Bobby Koelble y Gene Hoglan interpretar el álbum que grabaron juntos hace ya tres décadas, siendo testigos de que el violero tocó todos sus solos a la perfección. Por su parte, Max Phelps, en una performance sin altibajos, se esforzó por cambiar el tono de sus guturales para matchear los de Chuck. Luego, con Without judgement, Crystal mountain y Perennial quest, la banda abandonó el escenario, dejando el final de la canción de fondo en modo de pista para cerrar el segundo acto de la misma forma que termina Symbolic. No tardaron en volver al escenario y los bises trajeron las dos últimas canciones para un final que sellaría la noche con broche de oro. La banda regresó con energía renovada, respondiendo al grito ensordecedor del público, que exigía más y más. La primera joya fue la poderosa Spirit crusher, un himno de la era final de DEATH que desató un pogo frenético que se abrió aún más (casi abarcando el ancho total del escenario de Flores) arrojando toda su complejidad rítmica y la profundidad lírica de lleno hacia nosotros para, finalmente, cerrar definitivamente con el clásico ineludible y demoledor que es Pull the Plug. Ya con su riff icónico inicial, que fue recibido con una ovación a la altura de la brillante ejecución del tema, fue suficiente para cerrar como se debe este show en un clima jovial pero agotador, dejando a todos los presentes con la sensación de haber presenciado un momento histórico.
En definitiva, lo que trasciende de este relato sobre la trayectoria de DEATH TO ALL y el legado de DEATH es la inquebrantable permanencia y vigencia de canciones que tienen su espíritu forjado en la crudeza del metal extremo y el hambre de trascender en la historia de la música. Cada banda participante, con el doble headline junto a DESTRUCTION como condimento especial, supo a su modo sortear los problemas que sopesaron cada set respectivo, más que nada en las aperturas nacionales, y revalidaron su status quo de pilares incuestionables dentro de sus respectivos ámbitos. Sin embargo, casi inequívocamente, todas las luces se las llevó la banda estadounidense, demostrando que la vigencia de su propuesta no reside meramente en la nostalgia, sino en la calidad intrínseca de una obra que sigue resonando con potencia en las nuevas generaciones. Es debido reconocer, por lo tanto, que este legado inmortal no es solo un título: es también el sello de que su impronta musical ha marcado un capítulo fundamental en la historia del metal, demostrando que la autenticidad y la ferocidad son, a fin de cuentas, las verdaderas marcas de la trascendencia artística. Poder escuchar en vivo la obra de Chuck Schuldiner, por músicos que en gran medida, más que otros, ayudaron a construirla, no es algo cotidiano.
Texto: Luis Gallucci
Fotos: Estanislao Aimar
Agradecemos a Marcela Scorca de Icarus Music por la acreditación al evento.
| Metal-Daze Webzine | Marca Registrada | Todos los Derechos Reservados © |
