Mejores discos de 2025
No quiero engañar con el título, pero es lo que se suele decir para llamar un poco la atención del lector. Si titulara más de acuerdo a la realidad, seguramente invitaría menos a leer. El criterio que he utilizado para este ranking es extremadamente simple. Son los 12 discos que más he escuchado durante 2025. Obviamente, podría decidir escuchar un disco que no me guste cada día, pero se entiende que si los he escuchado más es porque me gustaban más que otras opciones.
Respeto los tops con pretensiones de objetividad, pero creo que la música -el arte en general- pertenece también al reino de lo subjetivo. Creo que es prácticamente imposible hacer juicios de valor sin tener en cuenta un poco de ambos mundos. En este caso, he seleccionado lo que más me ha llamado la atención y después he intentado justificarlo. En otras ocasiones he intentado hacerlo al revés, es decir, dando más peso a los elementos objetivos, pero me di cuenta de que había discos que cumplían todos los criterios objetivos para ser “buenos” discos y, sin embargo, no me decían nada o, directamente, no me gustaban.
Tampoco me convencen los tops que incluyen artificialmente discos de cada género y subgénero para que haya una representación equitativa de cada uno. Creo que es un criterio injusto, porque si un año hay muchos buenos discos de thrash y ningún disco de death que valga la pena, por decir algo, uno se ve obligado a incluir un disco flojillo en lugar de otro solo para que haya variedad de estilos. Naturalmente, este sistema tiene también sus contras, porque puede descartar discos no por su poca calidad, sino porque el estilo no es del agrado de quien hace la lista. Por ejemplo, no soy muy fan del brutal death técnico, por ejemplo; por tanto, en mi top será difícil que haya trabajos de ese subestilo, por muy buenos que sean “objetivamente”.
He visto por ahí rankings que tienen en cuenta los criterios más variopintos: que si mejores discos por continente, que si top de discos debut, que si mejores regresos, que si top de bandas femeninas o de proyectos one man band, que si mejores trabajos de grupos con bajistas con rizos, etc. Todo eso puede tener su interés, pero he preferido compartir lo que a mí me ha llamado más la atención, sin más, con la esperanza de que a otros les sirva para descubrir una banda o apreciar un subestilo al que no le habían prestado suficiente atención.
Por tanto, más que mejores discos de 2025, se trata de los discos que más le han gustado a un simple colaborador de este gran portal de metal extremo.
¿Y por qué 12? No tiene que ver con el número de meses del año ni nada por el estilo. A lo largo del año pasado escuché un montón de discos. De esos, la mayoría ni los escuché enteros. Del resto, escuché muchos una sola vez o dos. Estos 12 son los que me dieron ganas de escuchar más veces. Otro año puede que sean 10 o 15. Lo que tampoco quería era hacer una lista de 50 discos como he visto en algún canal de YouTube. Me parece brutal que alguien haga una lista así y lo aplaudo. Me sirve para descubrir cositas, pero esa gente tienen muchísimo tiempo para escuchar y, claro, acaban sacando una lista larguísima. No es mi caso y, además, pienso que para la mayoría es una cantidad inasumible de escuchas. Por otro lado, nombrar un solo disco -el disco del año- o un top 3, me parece completamente insuficiente, porque restringe mucho la visión de conjunto. De lo que se trata es de ofrecer un abanico suficiente para que la gente pueda escuchar, investigar y escoger lo que prefiera sin marearla. Me contento con alcanzar ese humilde objetivo.
12 – The Dormant Darkness (Buried Realm)
Cuarto larga duración del proyecto one man band encarnado por el estadounidense Josh Dummer. Mezclado con un gusto exquisito, el disco profundiza en un melodeath con ecos de Scar Symmetry. Riffs veloces y brutales, percusión y guitarra solista cuidados al milímetro, texturas de teclados en su justa proporción y un gran trabajo vocal con dos tipos de guturales y unas voces limpias que otorgan a algunos estribillos aires de power metal. Un trabajo muy disfrutable y lo suficientemente corto como para evitar cualquier sobrecarga o pesadez.
11 – Lonely People with Power (Deafheaven)
Vuelven los californianos con su mejor versión. Un disco denso, envolvente y sobrecogedor, donde una voz salvaje y desgarrada rompe una y otra vez un muro sónico lleno de reverb y melancolía. Una auténtica lección sobre cómo usar los elementos post- en el black metal para convertir la escucha de este grandísimo trabajo en un viaje introspectivo a través de las emociones humanas más inconfesables.
10 – Para Bellum (Testament)
Parece mentira que un grupo con una trayectoria de 40 años pueda reinventarse del modo como lo han hecho Testament en este último disco. Clase magistral de cómo puede evolucionar el thrash de la Bay Area, asimilando con gusto elementos del death metal melódico e incluso del black metal. La calidad de los músicos está fuera de toda duda, pero merece ponerse de relieve la impecable labor de Chuck Bylly en las voces. ¡Menuda demostración de versatilidad y mala hostia! Por lo demás, se trata de una magnífica colección de temas, incluida una fantástica balada, capaz de contentar tanto a los amantes de la época clásica ochentera como a los amantes de los sonidos más modernos del metal extremo. Riffs rompenucas; solos épicos; el clásico tupa-tupa de batería, pero también blast beats; abanico de vocales usadas con maestría…; excelente larga duración donde no falta ni sobra nada.
9 – Colossus Suprema (Brainblast)
Demencial despliegue de técnica, energía y composición en el que se suceden sin descanso una magnífica colección de riffs complejos y veloces con arreglos orquestales neoclásicos de tintes épicos. La banda está formada por dos miembros colombianos, que se encargan de la voz y la guitarra rítmica. Completan la grabación un elenco de músicos invitados, entre los que destacan el baterista canadiense Nicholas Wells y el también canadiense Dominique Lapointe que se encarga del bajo sin trastes. El resultado es estelar: death metal técnico y sinfónico de primer nivel, una auténtica fusión de Fleshgod Apocalypse, los Obscura de la época del Cosmogenesis e, incluso, Necrophagist.
8 – Antinomian Asceticism (Barshasketh)
Estos neozelandeses afincados en Escocia demuestran con maestría que las posibilidades del black metal son inagotables y ofrecen una trabajo tétrico y devastador que evoca sin piedad los horrores de la existencia. El trabajo en las guitarras es sencillamente asombroso para el género: riffs plagados de arpegios venidos del más allá, disonancias, tremolo pickings y también quintas machaconas que se fusionan perfectamente para construir un muro sónico angustiante que te atrapa de principio a fin. La batería no se queda atrás, con un doble bombo castigador y un blast beat con buena presencia de caja, como mandan los cánones. En medio de todo ello, emerge de una gruta infame una voz torturada y aguda que te hiela la sangre. De vez en cuando, siniestros coros gregorianos llegan desde un pasado remoto convirtiendo la escucha en una experiencia atroz y sublime a partes iguales. A todo esto hay que añadir una producción excelente: se agradece que la época en la que había que sonar mal para hacer true black metal haya quedado atrás.
7 – The Regeneration Itinerary (…And Oceans)
La gastronomía finlandesa es francamente inagotable. De su cocina más vanguardista proviene este sorprendente menú de black metal, que fusiona con elegancia y buen gusto los elementos sinfónicos y atmosféricos con los sintetizadores y las bases electrónicas. El resultado es un plato exquisito en el que lo épico y lo nostálgico se combinan con momentos rápidos y malvados. Este trabajo debe ser engullido y regurgitado sin descanso, pues con cada degustación aparecen nuevos sabores que harán las delicias de los paladares más exigentes.
6 – Ascension (Paradise Lost)
Realmente, 2025 ha sido un año que ha confirmado la buena forma de la old school metalera en general. Otra prueba de ello ha sido este impresionante trabajo de estos titanes del death metal down tempo, que nos regalan una colección de temas sencillamente deliciosa. El álbum es un auténtico compendio de la historia de la banda británica en el que el hilo conductor es una versión más sofisticada de ese doom primigenio con el que se dieron a conocer. Abundan los riffs a medio tiempo y los característicos sollozos de la guitarra solista de Greg Mackintosh, que estructuran con coherencia y belleza una particular atmósfera, agresiva y melancólica a partes iguales. Producción de lujo, canciones pegadizas sin caer en lo comercial, momentos oscuros y contundentes, melodías lacrimógenas… ¿qué más se le puede pedir a esta pequeña obra maestra del metal gótico?
5 – Disonance Theory (Coroner)
Más que el regreso del año, como se ha dicho, es el regreso del siglo. Después de más de tres décadas esperando, ya parecía una broma el anuncio del nuevo disco. Pero ha valido la pena: puñetazo encima de la mesa del trío suizo, cátedra de cómo hacer un disco de thrash técnico. Había expectativas para todos los gustos: desde los típicos ilusionados por una vuelta a las raíces del Punishment for Decadence, hasta los agoreros que vaticinaban una continuación descafeinada del Grin. Al final, ni una cosa ni otra. Es cierto que en este trabajo hay elementos atmosféricos y grooveros cuya pista puede rastrearse en Grin, pero ahora adquieren una madurez y una maestría envidiables. Al mismo tiempo, tenemos una buena colección de riffs muy al estilo de ese pedazo de álbum que es Mental Vortex.
Tommy encarna lo que debería ser un verdadero guitar hero: rápido y preciso cuando el momento lo exige, pero sin sobrecargar; capaz de echar el freno y desnucarte en los momentos pesados y machacones; o de ponerte los pelos de punta con solos alucinantes de casi un minuto (solo hay que escuchar ese temazo que es Trinity); y siempre con un gusto compositivo y un sentido de la melodía exquisitos. En cuanto a Ron, parece que no hayan pasado los años. Es cierto que respecto a su voz ha habido división de opiniones; personalmente, y reconociendo que no pasará a la historia de los mejores cantantes del metal, no me puedo imaginar a la banda sin ese berreo áspero y agresivo que ha sabido mantener intacto. Y como bajista, inconmensurable. Sería sencillo pasar desapercibido limitándose a ser un mero apoyo de la genial guitarra de Tommy, pero sigue empeñado en estar a su impresionante altura, disparando una cantidad ridícula de notas y siendo prácticamente “la otra guitarra” del grupo. Debo confesar que tenía cierta nostalgia por el hecho de que Marquis ya no estuviera aporreando la batería, pero la labor de Diego Rapacchietti es simplemente espectacular. No quiero comparar, pero en ningún momento me hizo pensar en el pasado. Maneja todos los tempos a la perfección, con un sutil uso de los platos, una caja que es más bien un metrónomo y un doble bombo, una locomotora más bien, que consigue que todo camine en otro nivel. No quiero olvidarme de los teclados, elemento de entrada bien tardía en la historia de la banda, pero que han sabido integrar de forma tan acertada como austera.
Por último, hay que hablar de cómo suena este trabajo. Creo que Coroner nunca tuvo una producción a la altura de su calidad. Ni siquiera en No More Color, por mucho que grabaran en Morrisound. Un disco de rasposo y estridente speed metal como R.I.P. se puede permitir el lujo de tener una producción normalita, pero que Punishment for Decadence suene como suene, es uno de los peores crímenes que yo conozca en el vasto universo del metal extremo. Sinceramente, siempre me pareció que ahí estaban tocando en una cabina telefónica. Creo que si ese disco lo hubiera grabado Scott Burns, Coroner sería hoy una banda de referencia y no “solo” un grupo de culto. Sin embargo, en este último disco, la producción por fin está a la altura. ¿Significa esto que estamos ante el mejor disco de Coroner? Tal vez…
4 – Gemini (Sulfator)
Cuando parecía que no se podría ni siquiera igualar el nivel al que Vektor había llevado al thrash técnico, aparece este grupo francés y lo consigue. No cabe la menor duda de que para estos muchachos de Toulouse la referencia absoluta es Terminal Redux, de la citada banda estadounidense. Esto ya da idea de por dónde van los tiros: velocidad y técnica feroz, en un contexto de metal progresivo con temática de ciencia ficción.
El nivel de los músicos es francamente asombroso y se hace difícil destacar a uno de ellos, pero lo que llama la atención es que, a pesar de eso, el disco no se convierte en un ejercicio de vanidad o de alarde, como les ocurre a muchas bandas con un sonido con el calificativo de “técnico”. La estructura de los temas es compleja, pero no enrevesada; todo en ellos se desarrolla con coherencia y equilibrio, sin que uno tenga la sensación de estar escuchando un montón de riffs colocados uno detrás de otro casi aleatoriamente.
El trabajo de las guitarras es sumamente imaginativo, con multitud de solos, acordes arpegiados y con tensiones, melodías y disonancias; pero esto no significa que no haya riffs grooveros a medio tiempo o momentos rápidos de rascar púa y agitar el cráneo. La sección rítmica está a la altura de las circunstancias, con un bajo versátil y una batería que demuestra que se puede ser rápido sin tocar blast beats. Tal vez la voz sea lo menos destacado, pero me parecería más criticable si quien se encarga de ella solo cantara, pero es que también toca la guitarra. Me quito el sombrero ante estos músicos que son capaces de hacer ambas cosas cuando el nivel de dificultad es tan alto en lo que se refiere al instrumento. Por lo demás, se trata de un gutural más que correcto, que maneja un par de registros, uno más grave y otro más agudo, y que se integran a la perfección en la mezcla. Unos arreglos exquisitos de guitarras clásicas y voces limpias que adornan el disco aquí y allá, junto a una producción excelente, convierten la escucha de este trabajo en una experiencia altamente estimulante y recomendable.
3 – Kadath (The Great Old Ones)
Joya absoluta del post-black metal, un género que se revela como vehículo perfecto para conectar con la parte ominosa del universo de Lovecraft, única fuente de inspiración lírica para este grupo francés originario de Burdeos. Cuando uno piensa en este autor, se lo suele asociar, con razón, al relato de terror, pero hay que decir que su obra le debe mucho a la narrativa onírica de autores como Edgar Allan Poe. Kadath es una ciudad perdida a medio camino entre este mundo y el de los sueños, hogar de dioses terribles y arcaicos. La obra homónima de The Great Old Ones nos conduce hacia ella y nos adentra en un universo mágico y misterioso, bello y terrible.
Los temas del disco son largos (la instrumental Leng alcanza el cuarto de hora), con una estructura que nos acerca al metal progresivo y una dinámica riquísima que da lugar a frecuentes cambios de ritmo, de tempo y de armonía. Las guitarras crean una atmósfera densa que lo invade todo, con momentos de riffs monolíticos y pasajes de melodías desoladoras. La labor de la batería es de una variedad asombrosa: abundan los medios tiempos, pero también encontramos blast beats y momentos más doom, todo ello ejecutado con un gran despliegue de recursos. La voz, a medio camino entre un growl deathmetalero y el shriek blackero, surge como de remotas catacumbas y termina de dibujar este cautivador paisaje sonoro.
La capacidad expresiva de la música de The Great Old Ones convierten a Kadath en un viaje espeluznante y de una potencia emotiva difícil de encontrar. Lo épico, lo terrorífico y lo nostálgico se funden en un todo indescriptible que lo sacude a uno hasta las raíces. Pequeña obra maestra de obligada y paciente escucha.
2 – Darkness Invisible (Mors Principium Est)
En los inicios del death metal melódico predominaban las sonoridades más pesadas y descarnadas, pero con el paso del tiempo, esa tendencia se fue invirtiendo, hasta alcanzar un grado de edulcoramiento que acabó provocando un cierto rechazo. Después de más de dos décadas perfeccionando su particular melodeath, se podría decir que los finlandeses de Mors Principium Est han alcanzado la excelencia.
En Darkness Invisible, la tensión entre lo melódico y lo áspero queda resuelta de forma magistral y el equilibrio resulta perfecto. Es un disco rápido, potente y al cuello, pero también lleno de belleza, emotividad y épica. La clave de esto hay que buscarla en los elementos sinfónicos que la banda ha decidido introducir en su música. El resultado es una absoluta maravilla, ya que se crea un contraste notable entre la increíble precisión técnica de los instrumentos y la grandiosidad de los arreglos orquestales y de teclado.
Lo dicho para la música de este disco en general se puede aplicar a cada instrumento. La voz de Ville Viljanen está inconmensurable tanto en sus registros agudos y más salvajes como en los guturales más oscuros, que parecen provenir de la profundidad abisal; pero los coros y la delicada voz limpia de Anna Dinyes, que entona con gusto exquisito melodías al estilo de la música profana, nos recuerdan que estamos ante una obra magna del metal extremo melódico. Las guitarras son de otro mundo, tan pronto escupiendo riffs rapidísimos de melodías armonizadas como explorando escalas menores en melancólicos y sobrecogedores solos. Otro tanto para la batería, velocísima en los tupa-tupa, precisa en los blast beats o llenándolo todo con el doble bombo en los momentos a medio tiempo.
Estamos ante un trabajo de enorme calidad, sin fisuras, sin temas prescindibles o mediocres que se puedan obviar; un trabajo que invita a ser escuchado de principio a fin una y otra vez, sin descanso.
1 – The Screaming of the Valkyries (Cradle of Filth)
Otro grupo de larguísima trayectoria que demuestra estar en un momento de forma excelente. Sin ninguna duda, este disco es lo mejor que ha sacado Cradle of Filth desde ese punto de inflexión en su carrera que representa el imponente Hammer of the Witches. Quizá aún es pronto para determinar en qué lugar exacto colocar a The Screaming of the Valkyries, pero es seguro que estará en el top 5 de cualquier ranking de la discografía de las huestes de Dani Filth.
Según la Enciclopedia del metal estamos ante una obra de metal gótico extremo. Reconozco que el tema de las etiquetas puede resultar útil, pero en este caso, sinceramente, no sé si aporta gran cosa. Hay elementos góticos, cierto, pero también hay mucho thrash, death y también, por supuesto, algo de black. Tres grandes ramas de la música extrema fusionadas de manera brillante para dar lugar a una sinfonía deliciosa de horror gótico. Creo que, para ser justos con este pedazo de disco, hay que admitir lisa y llanamente que estamos ante una obra maestra del metal extremo. Nada más y nada menos.
Alguien podría pensar que con tanta variedad de estilos el resultado podría ser un poco de esto y otro poco de aquello y quedarse en nada, pero no, desde el punto de vista compositivo, está bien entendido el concepto de fusión. No se trata de ir encadenando partes con influencias diversas como si se tratara de un rompecabezas, sino de que todo suene, en cada momento, a todo. Ese es el verdadero reto que Cradle of Filth supera con nota en The Screaming of the Valkyries. Riffs de guitarra pesados y con mucho groove, melodías malvadas de tremolo picking, voces femeninas hermosas y perversas, frenéticos blast beats, ritmos a medio tiempo para herniarse el cuello, teclados góticos… y, por supuesto, la expresividad suprema de la voz de Dani Filth, cuyos cambios de registro y entonación acercan las composiciones al reino de lo operístico.
Discazo altamente adictivo de temas tralleros, oscuros y perversos a partes iguales. Para escuchar en bucle y agradecer al universo que exista el metal extremo para arrancarnos de la apatía y ponernos los pelos de punta.
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